Silence podría ocupar parte de la planta de Nissan en BCN

Desde el Gobierno y la Generalitat han contactado de manera informal con la compañía de motos eléctricas para sondear su participación en un hub tecnológico de movilidad eléctrica.

Según han podido saber NeoMotor y El Periódico de Catalunya, la marca de motos eléctricas Silence podría ser una de las candidatas a ocupar una parte de la fábrica de Nissan en la Zona Franca. Tanto desde la administración central como desde la autonómica se habrían dirigido a la compañía dirigida por Carlos Sotelo para sondear posibles acuerdos de futuro.

 La planta de Zona Franca lleva resistiendo todos los envites desde que se estrenó en 1967 y, pese al descalabro de Nissan quiere seguir resistiendo. La decadencia de la planta barcelonesa no es cosa de dos días. La compañía fue desvalijando el músculo productivo de forma progresiva en el momento en que reorientó su negocio europeo hace diez años.

Hasta ese momento unos modelos se dejaban de fabricar pero se producían otros. Vanette por NV200, Almera por Pulsar (como se ha llamado siempre el modelo en Japón), Navara por NP300 Navara y así con varios modelos. Pero poco a poco fueron desapareciendo sin entrar sangre nueva en la línea. Eso redujo drásticamente el ritmo y volumen de producción. La marca se hizo trampas jugando al solitario.

La apuesta de la electrificación

En esta tesitura tras el cierre, Silence es una de las empresas del sector que ya ha recibido el interés (por ahora a modo de consulta informal) de las administraciones para ocupar una parte de los 517.000 metros cuadrados de Nissan Zona Franca. Estos contactos se remontan incluso antes del anuncio de la marca nipona. Sotelo reconoce con la boca pequeña y el corazón grande que «estaríamos encantados. Tenemos planes de futuro, con producto y tecnología desarrollados aquí. Con la crisis del coronavirus pienso que ha quedado claro que hay que establecer, más que un plan de reconstrucción industrial del sector, un plan de transformación de la movilidad».

La posibilidad de que una empresa catalana como Silence suene para formar parte de un proyecto global en el que se implique industria de capital privado y administración es cada vez más real. La propuesta de Silence pasaría, tal vez, por ocupar una parte de las instalaciones. La planta de Zona Franca es enorme. «Allí se puede fabricar toda la producción de motos de Europa si se quisera», comenta.

Un proyecto de país

Silence dispone actualmente de una planta en Molins de Rei, alberga un centro de I+D y está ultimando una nueva instalación en Sant Boi. La compañía arrancó su proyecto en 2012 y desde 2014  cuenta con el apoyo de tres importantes accionistas: Repsol, La Caixa y el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI).  «Tecnológicamente disponemos de un proyecto internacional e innovador, que está creciendo», recalca Sotelo. Actualmente fabrica cuatro modelos de motos eléctricas y está a punto de iniciar la producción para Seat de su escúter eléctrico. En breve podría lanzar también un cuadriciclo eléctrico (coche pequeño de cuatro ruedas) que está ultimando su fase de desarrollo.

Ocupar una parte de Zona Franca encajaría como anillo al dedo para esta expansión industrial, algo bien visto por las administraciones. «También estamos desarrollando un hub de baterías para que el usuario pueda intercambiar la batería eliminando dos ‘handicaps’ del vehículo eléctrico: el tiempo de recarga y el tener que comprar la batería, ahorrando mucho dinero», explica el CEO de Silence. Ese battery-hub tendría su base en Barcelona.

Como proyecto de país, para que invierta el Govern ,tiene mucho recorrido. «Los poderes de decisión para una compañía no pueden estar a miles de kilómetros», advierte Sotelo, en línea de lo que apuntaba la Generalitat.  El caso de IDIADA, con capital privado y público, es el mejor ejemplo de éxito para proyectos como el de Silence. «Poner dinero bueno sobre dinero bueno»…

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