Prueba del Volkswagen Arteon Shooting Brake eHybrid, espacio y eficiencia

Probamos versión híbrida enchufable del Arteon en su carrocería familiar, que encuentra en la habitabilidad y en el consumo en modo híbrido sus grandes cualidades.

Son tiempos complicados para las berlinas. Los clásicos sedanes se han visto desplazados en el mercado por los SUV, segmento al que solo los coches compactos presentan cierta resistencia. Hoy en día es mucho más probable ver un Volkswagen Tiguan, del que se matricularon 7.458 unidades en España hasta noviembre, que un Arteon, con solo 569 ventas hasta el mismo mes. Sin embargo, sus propuestas en la variante eHybrid no son tan distintas, y más si se tiene en cuenta la nueva carrocería Shooting Brake de la berlina, con lo que suma más espacio interior que su hermano SUV.

El Arteon Shooting Brake es un coche familiar como los de antes, que apuestan ante todo por el espacio, aunque en este caso no renuncia un diseño atractivo y moderno. Al sutil rediseño que se le aplicó en 2020 tras tres años de vida, con cambios en la parrilla y los grupos ópticos, esta silueta destaca por los cambios en la zaga. La caída del techo desde el parabrisas hasta la luneta trasera es bastante pronunciada, aportando dinamismo y sensación de velocidad. El acabado R-Line suma llantas de 19 pulgadas y molduras cromadas que acentúan la deportividad de un coche sobrio. Mide 4,8 metros de largo, pero a simple vista parece que tenga que serlo todavía más.

Interior del Volkswagen Arteon Shooting Brake R-Line | Foto: Volkswagen
Interior del Volkswagen Arteon Shooting Brake R-Line | Foto: Volkswagen

Esto se traduce en una distancia entre ejes de 2,83 metros, por lo que ofrece una gran habitabilidad interior. La caída del techo puede perjudicar a los pasajeros más altos pero incluso adultos encontrarán la comodidad en su habitáculo. Su maletero de 445 litros no es enorme para su tamaño pero servirá para la compra semanal. El interior es tecnológico, pero está un paso por detrás del Golf. Al sistema operativo le vendría bien una actualización y una pantalla un poco más grande. Su cuadro de instrumentos ofrece toda la información relativa a la propulsión híbrida y cambia de apariencia según el modo de conducción. Además, reina el plástico, en formas como el negro piano, pero plástico al fin y al cabo. El tapizado de sus asientos y el volante de cuero perforado salvan la sensación de calidad.

En marcha

La versión eHybrid entrega 218 CV de potencia a partir de un motor de gasolina de 156 CV y uno eléctrico de 116 más. Con toda la batería y en modo GTE, su aceleración es muy contundente, sorprendente incluso y la recuperación, gracias al magnífico trabajo de la transmisión DSG, muy satisfactoria. Sin batería o en modo de recuperación, los 156 CV se comportan bien pero entonces sí se notan sus 1.808 kilos.

Dinámicamente hace gala de un aplomo destacable y destaca por su comodidad. Sin duda, es un coche ideal para viajes largos. Las suspensiones filtran bien los baches, pero no llega a balancearse en exceso, por lo que invita a una conducción tranquila. En modo GTE permite cierta diversión endureciendo la dirección pero su peso se notará en carreteras de curvas. Consume apenas dos litros en modo híbrido, pero se dispara hasta cerca de los ocho cuando se agota, algo que ocurre rápido. El R-Line parte desde los 56.525 euros.

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