Así se llevo a cabo el desarrollo del ID. Buzz, la ‘Bulli’ eléctrica

Cinco años separan al prototipo de la versión final, un lustro de rediseño y pruebas en las condiciones más exigentes para garantizar la calidad del producto final.

El pasado 9 de marzo se presentó el Volkswagen ID. Buzz, una reinterpretación moderna y 100% eléctrica de la mítica ‘Bulli’, la furgoneta más popular de la historia del sector del automóvil. Ese día, la firma de Wolfsburgo culminó un proceso de desarrollo que ha durado más de cinco años, cuando en el Salón de Detroit de 2017 presentaron el Buzz1, el primer prototipo del modelo, que ya generó expectación entre los fans de este peculiar modelo. La ID. Buzz y la ID. Buzz Cargo son los dos modelos desarrollados partir de ese concepto tras años de desarrollo y pruebas.

Ambas versiones llegarán en otoño -en septiembre están previstas las primeras entregas- con una versión más básica llamada Pure en camino para ser lanzada en 2023. Con 4,71 metros de largo, 1,93 de alto, 1,98 de ancho y un destacable radio de giro de 11 metros, el ID. Buzz se ofrecerá con una batería de 77 kWh de capacidad y un motor de 204 CV que le permitirá alcanzar una velocidad máxima de 145 km/h. Su batería puede recargarse al 80% en 30 minutos en tomas de carga rápida de hasta 170 kW de potencia. Mientras el ID. Buzz ofrece espacio para hasta cinco pasajeros, el ID. Buzz Cargo opta por eliminar habitabilidad en favor de un espacio de carga de cuatro metros cúbicos.

Un largo proceso de desarrollo

Volkswagen ha culminado con su nueva furgoneta eléctrica uno de los procesos de desarrollo más complejos de su historia moderna. El objetivo final era transferir el diseño y las sensaciones del T1 (‘Bulli’) clásico a la nueva movilidad, pero para ello Volkswagen Vehículos Comerciales y la misma marca Volkswagen han tenido que trabajar juntos para conseguirlo. 

Hacer un prototipo es relativamente sencillo, sobre todo desde el apartado estético, pero poner un coche en la carretera supone garantizar un rendimiento apropiado, una fiabilidad acorde con los estándares de la marca y niveles de seguridad que satisfagan las normativas vigentes. Todo, manteniendo un concepto amado por muchos seguidores de la marca. Por si fuera poco, Volkswagen Vehículos Comerciales quería producir el ID. Buzz junto al T6.1 -también conocida como Bulli- y al Multivan en la misma línea de producción de la factoría de Hanover. Es decir, producir un eléctrico en la misma línea que dos vehículos de combustión.

Con todos los objetivos marcados fue hora de ponerse manos a la obra. Los diseñadores e ingenieros de ambas firmas del Grupo Volkswagen debían afinar la estética de un modelo que debía atacar a los fans de toda la vida y al comprador joven. La plataforma sobre la que se basaría ya se había anunciado, la MEB para vehículos eléctricos del grupo, que permite una gran flexibilidad y promete alcanzar los estándares de eficiencia deseados por las marcas. Esta arquitectura es el esqueleto de toda la familia ID. y de coches como el Cupra Born, el Skoda Enyaq iV y el Audi Q4 e-tron.

La mayoría de cambios estéticos en comparación con el prototipo se produjeron por motivos aerodinámicos, alcanzando con el modelo de producción un coeficiente de 0.28, el más bajo de la historia para una furgoneta de Volkswagen. Algunos elementos, como la firma lumínica o el gran logotipo en el centro del frontal sirven para tender puentes entre el histórico diseño de la T1 y la familia ID. Lo mismo ocurre en la zaga, con unos grupos ópticos totalmente nuevos y elementos y formas que evocan al pasado.

Hora de probar el diseño final

Una vez rediseñado el prototipo, elegidas las características de su propulsión y los componentes que conformarán el vehículo, toca probarlo. Para ello, Volkswagen creó varios prototipos fabricados a mano para probar los datos de las simulaciones virtuales y realizar los cambios pertinentes. Fuego real. Nunca mejor dicho, ya que los primeros test se realizaron en condiciones extremadamente cálidas, tanto en ambientes áridos como húmedos, pasando posteriormente a condiciones de frío extremo, también en ambientes secos y húmedos. Todo, como parte de un programa de pruebas que, además de validar el funcionamiento del vehículo y asegurar su durabilidad, servía para mostrar su fiabilidad al recorrer grandes cantidades de kilómetros.

Estas pruebas por carreteras y circuitos en condiciones de seco, mojado, nevado y helado también sirvieron para comprobar la resistencia de la carrocería y su estanqueidad y para probar su dinamismo y el buen funcionamiento de todos los componentes eléctricos y el sistema de control de la temperatura.

Solo superando todas estas fases puede lanzarse un vehículo al mercado. Si bien es cierto que todas las marcas realizan pruebas parecidas con todos sus coches, en vehículos como el ID. Buzz suponen un verdadero reto, puesto que el concepto de vehículo debe mantenerse fiel a la esencia del modelo clásico, limitando el margen de maniobra de diseñadores e ingenieros, que se ven obligados a imaginar nuevas soluciones para condiciones muy concretas. Volkswagen ya produce el ID. Buzz en Hannover y los primeros compradores ya esperan que arranquen las entregas.

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